No creo que quebrarse tanto debiera ser legal.
Tengo todas las de perder contra esta macabra tentativa a la suerte que supone un nuevo año. Siempre he sido de la cola en cualquier apuesta, pero esta me sabe a sangre, a dientes que rechinan de miedo en lugar de por el frío, a cristales rotos. Pero me llevo las mil y un maneras que poseo de hacerme gritar; y eso es lo que más me aterra. La frialdad con que somos capaces de causarnos un dolor envenenado de nuestra propia ira siendo conscientes de ello, la tendencia de la especie humana a autotorturarse esclavo de su propia existencia.
La conciencia nos tortura en su tortuoso afán de hacernos ver una realidad que se nos escapa. Durante toda nuestra vida hemos creído ser algo a lo que ni de lejos aspirábamos, inhumanos.
Suele asustarme la cantidad de veces que me descubro, a hurtadillas, ejerciendo de víctima en este ambiguo teatro en que coexistimos, que no convivimos. La dureza, la velocidad
e intensidad de pensamientos, la enorme cantidad que emociones que podemos ser capaces de sentir al mismo tiempo; ese cúmulo de pensamientos que se nos atragantan.
Víctimas de una evolución y un mecanismo creacional que nos carcome las entrañas a cada paso que damos. La incertidumbre de seres capaces de preguntarnos con una frecuencia atronadora de dónde venimos o qué sentido tiene esta vida.
Demasiado inteligentes para comprender tal vez que, la vida es eso, añicos.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
viernes, 12 de diciembre de 2014
Cualquier quimera.
Deambulo de dilema en dilema a 10 por hora en un estado de semi-inconsciencia casi perpetuo, con mis divagaciones de fondo. Un viernes como cualquier viernes.
Es curioso como me formo mis propias películas en el telón de fondo de cualquier mañana o noche en que vivo de calañas conversando con un ser viviente cualquiera sobre el frío que hace a las 7 de la mañana o diversos convencionalismos sociales baratos.
Estoy como si me hubieran violado en cualquier acera y me hubiesen dejado tirada en la esquina del callejón más cutre, con las medias a jirones y el miserable de treinta y pocos años de sabor de boca. Puta idiota rota.
Resulta tan decadente confundirse de realidad entre unas cuantas fantasías lúgubres de morbo o sobreestima cuando caminas por una rutina de expectativa creciente y perfeccionismo enfermizo que te han abocado a tanto y a tan extraño.
Busca en la última de cualquier fila.
Es curioso como me formo mis propias películas en el telón de fondo de cualquier mañana o noche en que vivo de calañas conversando con un ser viviente cualquiera sobre el frío que hace a las 7 de la mañana o diversos convencionalismos sociales baratos.
Estoy como si me hubieran violado en cualquier acera y me hubiesen dejado tirada en la esquina del callejón más cutre, con las medias a jirones y el miserable de treinta y pocos años de sabor de boca. Puta idiota rota.
Resulta tan decadente confundirse de realidad entre unas cuantas fantasías lúgubres de morbo o sobreestima cuando caminas por una rutina de expectativa creciente y perfeccionismo enfermizo que te han abocado a tanto y a tan extraño.
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