Deambulo de dilema en dilema a 10 por hora en un estado de semi-inconsciencia casi perpetuo, con mis divagaciones de fondo. Un viernes como cualquier viernes.
Es curioso como me formo mis propias películas en el telón de fondo de cualquier mañana o noche en que vivo de calañas conversando con un ser viviente cualquiera sobre el frío que hace a las 7 de la mañana o diversos convencionalismos sociales baratos.
Estoy como si me hubieran violado en cualquier acera y me hubiesen dejado tirada en la esquina del callejón más cutre, con las medias a jirones y el miserable de treinta y pocos años de sabor de boca. Puta idiota rota.
Resulta tan decadente confundirse de realidad entre unas cuantas fantasías lúgubres de morbo o sobreestima cuando caminas por una rutina de expectativa creciente y perfeccionismo enfermizo que te han abocado a tanto y a tan extraño.
Busca en la última de cualquier fila.
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